Abriendo espacios me encontraste.
Sin pensarte, ahí estabas blanco e inquietante.
Remarque tus sombras y las aleje para contemplarte.
Borre las sinuosas lineas y me apegue a la brisa serenante.
Y en mis heridas lejanas sembré tus palabras para florecer y así nuevamente delinearme.
Nuestro sol de junio se empapo de un sin fin de sonoridades.
El mundo se olvido de nosotros, de estos dos, locos.